FOTOVOLTAICA · TERMOGRAFÍA
La planta produce, pero dos strings están desconectados
La producción total no siempre permite identificar qué parte de una instalación está fuera de servicio. La termografía aporta una referencia espacial para orientar la revisión eléctrica.

Una instalación fotovoltaica puede seguir entregando energía mientras una parte de sus módulos permanece desconectada. Si solo se consulta la producción agregada, una pérdida parcial puede confundirse con variaciones de irradiancia, sombras o cambios en la demanda. La pregunta útil es qué información ofrece la monitorización y con qué detalle se está revisando.
Dos strings de 17 módulos cada uno
En una inspección de una cubierta industrial se identificaron dos strings desconectados, con 17 módulos cada uno. El informe documentó el hallazgo junto con otras incidencias térmicas y visibles. Las imágenes permitían ubicar las zonas a revisar y relacionarlas con el resto de la cubierta.
La estimación económica del informe era de 1.756 € al año por string: unos 3.500 € anuales entre ambos. Es una estimación anualizada bajo las hipótesis del trabajo, no una factura de pérdidas ya acreditadas ni un ahorro recuperado. Sin conocer cuánto tiempo estuvo activa la desconexión, no corresponde multiplicarla por varios años.
Qué aporta la imagen térmica
La termografía permite comparar módulos y reconocer patrones espaciales en una misma campaña. Una banda con un comportamiento distinto al de strings comparables puede orientar la búsqueda de una desconexión. El patrón es una evidencia para investigar; la causa eléctrica concreta necesita comprobación.
La lectura debe considerar irradiancia, viento, carga, ángulo de observación y posibles reflejos. Un color más claro no es un diagnóstico y una temperatura aislada no explica por sí sola la gravedad. Para analizar una incidencia se revisan los datos radiométricos y las imágenes visibles, además de la situación de la planta.
Monitorización y termografía se complementan
No todos los sistemas de monitorización ofrecen la misma información. Si hay medidas y alarmas por string correctamente configuradas, una desconexión puede detectarse mediante los datos eléctricos. Cuando solo se dispone de lecturas agregadas, localizar físicamente el origen de una pérdida resulta más difícil.
La inspección aérea añade esa localización. Ayuda a dirigir al equipo de mantenimiento hacia los módulos, conexiones o zonas que requieren revisión, sin presentar el vuelo como sustituto de las pruebas eléctricas.
Cómo usar la estimación de pérdidas
Para valorar el impacto interesa conocer la potencia afectada, la producción esperada y el valor económico de esa energía. El autoconsumo y el vertido no tienen necesariamente el mismo valor. También hacen falta las condiciones de funcionamiento y el periodo real de indisponibilidad si se pretende calcular una pérdida acumulada.
En este caso, la estimación anual permite dimensionar la incidencia y priorizar su revisión. La verificación posterior debe comprobar si el string vuelve a funcionar, mediante las medidas eléctricas y, cuando proceda, una nueva inspección comparable.
Del hallazgo a una actuación verificable
La entrega resulta más útil cuando enlaza el termograma con una fotografía visible, una localización y una recomendación concreta de comprobación. Así, el responsable puede asignar la revisión, registrar la actuación y contrastar el resultado.
El caso real de inspección de una cubierta fotovoltaica muestra esa relación entre evidencias. Para una instalación que necesite revisión, el alcance puede definirse a través del servicio de inspección de placas solares.
